Observación y rapport en la práctica psiquiátrica de Milton Erickson

 

“Cuando quiera descubrir cosas acerca de sus pacientes, observe, observe sus conductas” M. Erikson

Una mujer fue a consultar al Dr. Erickson porque tenía fobia a los aviones. Lo expresó de esta forma: “Mi marido amante me va a llevar al extranjero en septiembre y yo tengo un espantoso terror a los viajes en avión” (Rosen, pag. 168). Entonces Erickson le preguntó: “Sabe su marido que tiene un enredo amoroso con otro hombre?”. ¿Cómo lo descubrió? Ella se había sentado trabando los pies, de un modo que Erickson había observado en mujeres que no querían dar a conocer una relación clandestina.

Además, había dicho “Mi marido amante” en lugar de “Mi amante marido”, expresión más adecuada en el idioma inglés. En otra ocasión, Erickson pudo descubrir que una atractiva mujer era en realidad un hombre por la forma en que se quitó una pelusa de la manga. Lo hizo sin dar un rodeo delante del busto como lo hubiese hecho una verdadera mujer (Rosen, 163).

Toda mujer, aún una niña antes de que le crezcan los pechos, levantaría involuntariamente el codo para hacerlo. Una forma práctica de comprobar esta diferencia es pedirle a un hombre y a una mujer que coloquen la mano derecha sobre el hombro izquierdo.

Se dice que Erickson desarrolló su extraordinario sentido de la observación cuando estuvo completamente inmovilizado por causa de la poliomielitis a los 17 años. Sin otra cosa que hacer, se dedicaba a observar a sus padres y hermanos. Hay otro aspecto interesante, Milton recién comenzó a hablar después de los 4 años. Durante este largo período de la niñez su percepción del mundo no estuvo limitado por las categorizaciones del lenguaje. ( B.J. Whorf tiene un trabajo acerca de los efectos del lenguaje sobre la visión del mundo). Algo que siempre atrajo la atención de Erickson era la discrepancia entre lo que las personas verbalizan y su lenguaje corporal. Los niños conocen muy bien esto porque muy observadores y aprovechan esta habilidad para sacar alguna ventaja, por ejemplo para negociar el horario para ir a la cama. Prestan atención al lenguaje postural del padre y a los más mínimos cambios en la modulación de la voz. Cuenta William H. O’Hanlon la anécdota de un psiquiatra que no quería revelar la identidad de su ex-esposa. Erikson lo adivinó reparando en una leve acentuación de las sílabas que formaban el nombre de la mujer. (O’Hanlon, 27).

Tuve una experiencia similar durante la primera entrevista con una joven. Noté una peculiar acentuación de las sílabas “si” y “co”. Como sabía que algunos estudiantes de psicología acostumbran a reservar esta información hasta los minutos finales de la entrevista, me adelanté y lo interrogué al respecto, algo que la tomó de sorpresa. El efecto adicional de la observación cuidadosa, es que fortalece la confianza del paciente y ayuda a establecer el rapport. No se trata por supuesto de un juego de adivinación ni de una maniobra efectista. Es una forma de reafirmar que el terapeuta está atento y se interesa seriamente en todo el material que trae su cliente, incluso lo no verbalizado. El psiquiatra del relato anterior se abrió más después de que erickson “adivinó” el nombre de su ex-esposa; por otra parte, en el caso del travesti, este había recorrido un montón de profesionales hasta dar con “el psiquiatra adecuado” que descubrió su secreto. Otra de las formas que Erickson empleaba para establecer rapport era lo que Sydney Rosen denominó “lectura de la mente”. Observando minuciosamente la conducta del paciente y mostrándosela como reflejada en un espejo, se crea una relación más íntima. Para O’Hanlon esta técnica debe haber sido desarrollada por Milton Erickson a partir de su trabajo hipnótico. La copia de la conducta del sujeto (Matching o igualación) por parte del hipnotizador favorece la inducción; del mismo modo, cuando se dice algo no concordante el trance se interrumpe.

Bibliografía citada: Sydney Rosen, Mi voz irá contigo, Paidos, Buenos Aires, 1986. William Hudson O’Hanlon, Principios básicos de la terapia y de la hipnosis de Milton Erickson, Paidos, Buenos Aires, 1989.

 
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